miércoles, 15 de septiembre de 2010

Otra realidad

El oficio de paracaidista

Normalmente un profesor llega a un centro de una forma que, como mínimo, se podría afirmar que no es la más adecuada. Esto creo que es así en la mayoría del país (me refiero a España por si se trata de herir suspicacias) pero ante la duda me voy a centrar a partir de ahora en Cantabria, pequeña comunidad (se dice que autónoma) situada al norte de la península. Decía que la mayor parte de los docentes, independientemente de su situación funcionarial, llegan o en el mejor de los casos escogen un centro por motivos ajenos a los pedagógicos, didácticos o educativos; más bien se tienen en cuenta otro tipo de cuestiones de índole más práctica con arreglo a las circunstancias personales: cercanía, horario, transporte, entre otros. De tal manera que se puede decir que un profesor habitualmente no aterriza en un centro pues esto supone que hay una intención previa determinada, un conocimiento tanto del que llega como de los que le reciben, los cuales, por otra parte, casi nunca le han solicitado. No, no aterriza sino que más bien cae, sin excesivo golpe ni violencia, pero cae, de forma algo abrupta, parecido a como lo hace un paracaidista. Desde arriba o antes de lanzarse tiene planeado dónde caer aunque el punto no suele ser muy exacto, se trata más bien de una zona y tampoco es extraño que finalmente ponga los pies (puede que el resto del cuerpo) en un suelo alejado del previsto.