lunes, 15 de noviembre de 2010

ideas pedagógicas en tiempos sólidos

Aquí presento algunas ideas relacionadas con el mundo de la educación que más bien parece en proceso de solidificación sin que la capa endurecida que la va recubriendo pueda desaparecer ya que se está quedando atrás con respecto a lo que está ocurriendo fuera. Esto es una apreciación considerando lo que sucede en la mayoría de los centros de enseñanza, más preocupados a menudo por los contenidos y los resultados de algunas pruebas circustanciales solicitadas desde fuera que de lo que se trata realmente, algo que todavía algunos no quieren darse cuenta: la formación, la educación de personas que son ciudadanos ya, es decir, que no lo serán en el futuro, que ya lo son ahora aunque lo seguirán siendo mañana con mayores responsabilidades, desde luego, pero el proceso ya ha comenzado.  Una educación que aspire a formar personas distintas de las que hay ahora (considerando el estado de la cuestión actual creo que nadie podrá pensar lo contrario) puesto que es la única forma de que la sociedad cambie efectivamente, otra sociedad es posible, sí, si cambiamos su educación. Y poniendo los zapatos en el suelo o al menos más cerca, para conseguir esto, entre otras cosas, en los centros habrá que incorporar otras formas organizativas, otras metodologías, otros diseños de los espacios y los tiempos, otras maneras de evaluar. 

Continuará






 

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Otra realidad

El oficio de paracaidista

Normalmente un profesor llega a un centro de una forma que, como mínimo, se podría afirmar que no es la más adecuada. Esto creo que es así en la mayoría del país (me refiero a España por si se trata de herir suspicacias) pero ante la duda me voy a centrar a partir de ahora en Cantabria, pequeña comunidad (se dice que autónoma) situada al norte de la península. Decía que la mayor parte de los docentes, independientemente de su situación funcionarial, llegan o en el mejor de los casos escogen un centro por motivos ajenos a los pedagógicos, didácticos o educativos; más bien se tienen en cuenta otro tipo de cuestiones de índole más práctica con arreglo a las circunstancias personales: cercanía, horario, transporte, entre otros. De tal manera que se puede decir que un profesor habitualmente no aterriza en un centro pues esto supone que hay una intención previa determinada, un conocimiento tanto del que llega como de los que le reciben, los cuales, por otra parte, casi nunca le han solicitado. No, no aterriza sino que más bien cae, sin excesivo golpe ni violencia, pero cae, de forma algo abrupta, parecido a como lo hace un paracaidista. Desde arriba o antes de lanzarse tiene planeado dónde caer aunque el punto no suele ser muy exacto, se trata más bien de una zona y tampoco es extraño que finalmente ponga los pies (puede que el resto del cuerpo) en un suelo alejado del previsto.